viernes 9 de diciembre de 2011

Un paso en falso


Cuando en el año 2000 Coldplay editó su primer disco, nadie sabía bien adónde iba a ir a parar esa banda que parecía ser el secreto mejor guardado inglés, cabal exponente de ese género en retirada que hoy es el brit pop. Con un buen puñado de canciones minimalistas y melancólicas, y herederos de la tradición menos experimental de Radiohead, el grupo se presentó en sociedad como una nueva promesa en el escenario de un rock multitudinario que acaso empezaba a ser decadente.

El hit, “Yellow”, le hizo conocer al grupo las mieles del éxito. Pero se trataba de cuatro ingleses pelilargos y de perfil bajo a los que sólo les bastaba con dos guitarras, un bajo y un piano. Más allá de lo incontenible del primer corte de "Parachutes" (hoy sigue haciendo emocionar a las masas en los estadios), lo mejor de su propuesta pasaba por otro lado. Chris Martin no era el showman casi ridículo y feliz que es hoy, sino un muchacho taciturno que cantaba con melancolía y en voz baja. Además, que “Don’t panic” abriera el disco era un declaración de principios: la voz estaba grave, las guitarra acústica –hilo conductor de casi todo el disco- convivía con unos arreglos en eléctrica de efecto arrullador, y la base de batería estaba tocada con escobillas.

En la lista seguían “Shiver”, “Spies” y “Sparks”, temas modestos, contenidos, sin pretensiones, de atmósfera de departamento. Un conjunto de canciones sutiles y genuinas capaces de sobrevivir en el tiempo. El grupo, seguro en esa postura, las interpretaba en vivo con la misma calidez, antes de que todo empezara a deformarse.

El segundo disco, “A Rush of Blood to the Head”, editado dos años más tarde, mantuvo en gran parte la identidad del primero, por lo que no parecía descabellado pensar por entonces que finalmente ese sería el ADN de la banda. El primer sencillo de difusión, “In my place”, quizás estuviera presagiando el desvío, pero a fin de cuentas una canción como “The Scientist” despejaba las primeras dudas.

Hasta ese momento, Coldplay podía resumirse como una banda de canciones introspectivas, ejecutadas con sutileza, con bases rítmicas acordes a la propuesta, guitarras con los arreglos y los efectos justos, todo sin demasiadas ínfulas, y una voz cantante que estaba inmersa en la música y no por encima de ella.

No estoy seguro si una banda elige conscientemente el rumbo que tomará. Supongo que sí. Al final de este disco, o a comienzos del tercero (“X & Y”), Coldplay dio todas las señales de haber optado por el camino equivocado: conmover a las hordas de fanáticos en los estadios, regarlos de celulares al compás de melodías efímeras y erigirse como los nuevos reyes del trono que estaba dejando U2.

Casi ningún tema de esos discos siguientes consiguió permanecer en el tiempo. Por caso, “Fix You” -que fue presentado como la salvación de la tristeza en la nueva era-, quedó perdido en algún estadio mientras Chris Martin arrojaba un globo aerostático al aire. No por nada el tema más logrado de ese tercer disco es “A Message”, que recupera el sentido de aquellos primeros años.

A contramano del desapego musical, el grupo comenzó a cosechar cada vez más éxito alrededor del mundo. Las entradas para sus conciertos se agotaban en minutos, y de a poco Coldplay pasó a ser la única banda de brit pop que atestaba los estadios en cualquier lugar del planeta. Podemos aventurar que acaso haya sido en ese momento inclasificable en que el grupo terminó de decidir su camino. Su siguiente disco, “Viva la Vida”, lo confirmó: es difícil encontrar ahí una canción que se imponga a la coyuntura de la novedad musical, como si se hiciera casi imposible hallar detrás de toda la parafernalia –producción de Brian Eno incluida- al Chris Martin nostálgico al que sólo le bastaba una guitarra y una melodía para mover algunas fibras sensibles.

No sorprendió, por eso, que el nuevo disco, “Mylo Xyloto”, hubiera sido compuesto, pensado, grabado y producido para tocar en los estadios (con Brian Eno de nuevo). La estructura de los temas, el ingreso gradual de los instrumentos, las intervenciones molestas de Chris Martin sobre los arreglos de las guitarras, el uso del bombo tribunero, los teclados que atrasan 20 años, la colaboración de Rihanna, todo parece haber sido concebido para la gira mundial. JPS lo resumió de la mejor manera: “Es de autoayuda”.

Por suerte todavía están los primeros dos discos, que permiten especular cómo hubiera sido el grupo de no haber elegido esta senda. No encuentro otra manera de cerrar este post que atrasando una década, como un modesto reconocimiento a esa gran expectativa que quedó en el camino.



EM.

3 comentarios:

Sebastián Lino dijo...

y los simples previos al disco! "shiver", "crest of the waves", "easy to please", "only suèrtition", "carefull where you stand", "for you"...

Anónimo dijo...

Muy bueno, EM. Me cagué de risa con lo de "Chris Martin no era el showman casi ridículo y feliz que es hoy" y lo del globo aerostático.

MN.

Anónimo dijo...

Hasta el tercer disco, Coldplay era una buena banda, X&Y tiene un par de temas muy buenos (el mencionado A Messagge, What if, Till Kingdom Come). Despues entraron en la "globalizacion buena onda" de Benetton y lo arruinaron.

Buen post,

Slds,

Jps