
Empecé a leerlo con la seriedad que merece, pero más tarde comprendí, al ver el velador prendido a las tres de la tarde, que Vila-Matas ya estaba abusando de mí. A las 100 páginas ya estaba convencido de que mi lugar en el mundo era tan inútil como él de él. Así que hice lo lógico: puse música. Y elegí a los Happy Mondays, y así será durante todas las 300 páginas restantes.
La elección no fue casual, porque me di cuenta que poner a Tom Waits sería demasiado. ¿Luego qué, eh? ¿Fumar cigarrillos largos, comprarme poleras negras, renunciar al sexo con adolescentes bronceadas? Me sentí agradable con aquel contraste.
Porque los Happy Mondays son todo lo contrario a un Vila-Matas: son la alegría en el estado más puro, y ese estado es la idiotez. Shawn Ryder es un estúpido, pero eso mismo lo convierte en un verdadero artista, sólo porque ningún otro tendría la enajenación mental suficiente para hacer una letra que diga “Good, good, good, good, good, good, double double good, double double good.” Y eso lo hace mejor que el resto.
Y las drogas. Que montón de faloperos. A veces bajo la página y le presto atención a los alaridos de Ryder. Los Mondays deben ser de los pocos músicos que necesitan las drogas para hacer discos buenos, porque no serían ya los Mondays. (De hecho, fue así). Merca, porro, ácido, éxtasis, pastillas, y la feroz heroína: un combo infalible. Lástima que acá en Argentina aún no llega la heroína. Prometo que ese día yo voy a ser el dealer de algunos rockeros argentinos, no con el objetivo de mejorar su capacidad compositiva, sino con el de matarlos lenta y felizmente.
En fin: de un lado la depresión profunda, del otro la alegría pura. Ahora sí, en el equilibrio, uno puede relajarse.
Aunque, claro, nada de esto hubiera sido posible sin la intervención de quien acaso sea el mejor y más agudo colaborador de Los Sentimientitos (sí, chicas, me refiero al Sr. Fitarro), el cual una vez más nos ha honrado (quien diría humillado) con una infalible selección de canciones de los Happy Mondays, compuesta por 18 pistas de lo más felices y estúpidas y drogonas.
Sr. Fitarro, usted tiene la puerta abierta para acostarse con mi hermana.
Y porque no soy egoísta y -porque busco la forma de justificar mi tiempo frente a la PC mientras mi jefe permanece en la oficina-, ofrezco a ustedes este compilado, al que he nombrado “18 Dosis”.
Disfrútenlo, y no se droguen, que los drogones siempre son confundidos con homosexuales reprimidos.