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domingo, 5 de diciembre de 2010

Las 10 canciones del 2010

A modo de anuario, repitiendo lo hecho en el 2009, posteare las 10 canciones que me han acompañado durante estos doce meses, y extiendo este resumen a todos los integrantes del staff de LSTM, con quienes hemos desperdiciado demasiado tiempo escuchando canciones pop.

El cierre de un año es un hecho simbólico al que me agrada aferrarme. Navidad y Año Nuevo son geniales en su sensación agridulce; no me refiero a la idiotez consumista que invade los televisores sino a ese momento antes del brindis en los que uno se da cuenta que otro año ha pasado y que la vida es un regalo para compartir con los seres queridos que dura poco. Luego, doce y cinco, esa sensación efímera desaparece y vuelven los individuos y sus egos a colocarse por encima de la comunidad, pero vale la pena esperar doce meses para percibir algo así de bello.

Las neurosis de las personas de clase media son de lo más complejas y divertidas. Supongo que nadie se siente del todo identificado con su trabajo y que por eso eleva la cultura y su fetichismo a límites insospechados de relevancia. Supongo que todo el mundo ha visto demasiadas ofertas de vidas posibles por televisión y que, por eso, a la mayoría le cuesta decidirse por una existencia sin pensar que sería más feliz haciendo exactamente lo opuesto. He escuchado a personas viviendo de fiesta en Europa quejándose por la falta de sentido de sus vidas, como si no pudieran dejar las vacaciones de un momento a otro, como si incluso vacacionar fuera una cárcel con las puertas abiertas. Los hombres crean en Internet estúpidos avatares de sí mismos, seres virtuales que cuentan con un espacio de libertad ficticia mucho más grande que la libertad ficticia del mundo real. Todo parece ser una lucha de egos, incluso en los matrimonios o en las parejas o en las familias, incluso en el escalón final de la vida privada. En este contexto, sin embargo, los hombres me parecen más víctimas que responsables de sus pequeños vicios egocéntricos y sus “Carla Pérez tiene una relación complicada” en FBK. El campo de acción de un hombre, que no vive en contacto con lo natural sino con lo simbólico, es cada vez más estrecho, y por error o por impotencia cree que agregando mas símbolos a la realidad podrá trascender de alguna forma.

Leyendo los informes secretos del FBI revelados recientemente por Wikileaks (que no trascienden la categoría de chisme o rumor) comprendo que incluso los gobiernos son apenas una maquinaria destinada a crear un orden simbólico sobre una realidad que no comprende (sino vean ejemplos). Todo se reduce a la lucha por institucionalizar un relato, mientras el dinero se mueve por su cuenta, separado de lo político, de acuerdo a los caprichosos vaivenes de la economía mundial y el precio del petróleo. Si en Abu Dabi se construyen edificios fastuosos destinados a lavar una inimaginable cantidad de dinero sucio, acá nos ponemos contentos con darle 50 dólares mensuales a un chico para que no muera de hambre y sea solo pobre, en un acto que podríamos calificar de institucionalización de la limosna. No es que esté en contra de la Asignación Universal por Hijo, sino que produce cierto terror la distancia entre los 14 estadios que va a construir Qatar con las rentas no declaradas del petróleo y los 200 pesos que recibe una familia para su mera subsistencia.

En esta situación de desequilibrio generalizado, mantener el equilibrio emocional es una tarea titánica para un individuo. En eso estamos todos.

miércoles, 1 de julio de 2009

Money for nothing



1.

Tifi Rex es una canción hermosa. Sus autores son Los Reyes del Falsete, banda de Adrogué (Provincia de Buenos Aires). Escuché todos sus temas y, honestamente, este es el único destacable. La canción repite algunas ideas y melodías del primer rock argentino, el de Nebbia y García. Pero las épocas han cambiado. La grabación es casera. El grupo es totalmente desconocido para el grueso de la población. La letra no tiene mayor sentido. Parece un experimento lúdico incitado por la marihuana: hagamos algo onda Pedro y Pablo. Dos pibes en un departamento bajando desde Taringa la historia del rock nacional en una carpeta del escritorio de su PC. El ingenuo idealismo de los sesenta trocado en un nihilismo nostálgico, 40 años después. No deja de ser conmovedor. Tifi Rex me gusta porque, muy en el fondo, es una canción vacía. Y el vacío no está exento de una belleza algo siniestra.

2.

En algún momento pensé en trazar una comparación entre Tifi Rex y el gobierno de Kirchner, que también es un setentismo vaciado de contenido, y la manera en que la canción era un óptimo reflejo de nuestros días. Sin embargo, en vísperas de las elecciones, creí con razón que eso sería hacerles el juego a los horrorosos integrantes del PRO, los nefastos Macri, Michetti y De Narváez, y me arrepentí, porque prefiero cualquier cosa antes que esos nuevos empresarios que pregonan el fin de la política. La idea de no confrontación y apolitización de la nueva derecha está basada en el proyecto de que la sociedad toda se vuelva una suerte de museo estático donde los pobres se resignan a su condición y los demás, la gente bien, se dedica a disfrutar las mieles del progreso. Como he dicho en el posteo anterior, la idea de fin de la historia esconde algo profundamente perverso. Equivale a poner a todo un sector de la sociedad del otro lado de un vidrio polarizado.

3.

Las elecciones pasaron. A los pocos días escuché las declaraciones del jefe de campaña de De Narváez, un ecuatoriano cuyo nombre felizmente he olvidado.

Nosotros apuntamos a un electorado joven, que no sabe lo que es la Guerra Fría, ni conoce a Perón, ni sabe porque cayó el Muro de Berlín. Se trata de una nueva política. Mira los discursos de Kirchner. Es aburrido. Es la vieja política, aburrida.

El momento en que la política es absorbida por el entretenimiento marca, seguramente, el fin de algo, algo que quizás los historiadores del futuro sabrán precisar con mayor certeza. Yo, mientras tanto, observo con estupor cómo el colorado imita a su imitador y de a poco va destruyendo la Historia.