Los Planetas es una de esas bandas imposibles de compilar; aunque probablemente alguno de nosotros lo intente en algún momento la tarea será imposible o infinita, una larga lista de canciones sucediéndose durante horas y horas. Todas sus canciones son o muy buenas o directamente conmovedoras, y en general le hablan a una improbable mujer esquiva que esconde el sentido de la vida y cuya ausencia conduce a J a las drogas y a la lucidez. No hay banda de rock en español con una carrera tan larga e impecable, que combine melodías imborrables con una idea de sonido definida y guitarrera y letras de un nivel altísimo.
En estos días, en los que hasta Spinetta salió a pedir bala, tuve una epifanía: el noticiero de América estaba en silencio en el televisor y sobre un discurso de CK comenzó una canción en el reproductor de mi computadora. Y a veces la sutileza no alcanza y las cosas se tienen que decir directamente. Por eso quería subir Mis Problemas con la Justicia, como escudo de defensa ante las elecciones, el paro de docentes, el conflicto del campo, la inseguridad, las internas del Pj, el partido de Macri y Solá, la nueva temporada del programa de Tinelli, las cámaras ocultas de Graña, el progresismo de Pergolini, la pena de muerte, la crisis económica mundial, las ficciones de Polka, el affaire Riquelme-Maradona, el INDEC, el horror, el horror…
Algunas corrientes teóricas insisten en que a toda generación le hace falta una buena guerra para alcanzar su identidad, sus valores morales como tal. Viendo el estado de nuestra juventud, hecha flooger -incluso en las zonas más alejadas del país-, tiendo a creer que estas ideas no son del todo erróneas.
El flogger es la anulación del pensamiento, la adoración a la nada, o lo que es decir, a la imagen y la fama. Son tan deleznables que hacen quedar bien a los rollingas (que por cierto ¿dónde están ahora?), pues ellos al menos tenían la música como elemento en común.
“Ser flogger es como ser un rock star”, reza el lema que se repite constantemente en el canal Flogger TV. No podría llegar a entender qué significa para ellos un ser rock star, pero al menos sí darme cuenta que los cuatro conductores de ese canal no poseen ningún talento que los convierta en famosos, salvo su curiosa insistencia en serlo. Son asexuados, no tienen graciay las dos mujeres ni siquiera están buenas.
Para ellos, tres palabras: Servicio Militar Obligatorio.
A fin de cuentas, la milicia, con todas las cosas malas que tiene, ha dado sus cosas buenas. Veamos sino el ejemplo de Los Monks.
Los Monks fueron una banda de soldados G.I. americanos que, mientras cumplían su servicio en Alemania durante la Guerra Fría, aprovechaban su tiempo libre para hacer música. Algo habrá pasado allí: tal vez la cercanía con la muerte sea un disparador de la genialidad, pero no lo sé (mi gobierno no está preparado para las guerras). El hecho es que los Monks, a pesar de su escasa discografía, han perdurado en el tiempo gracias a su enorme talento y sus desquiciadas canciones.
Esta canción, que se llama I Hate You, lo explica todo.
Siempre creí que Michael Stipe sufría una enfermedad, aunque nunca pude precisar cual. Aún hoy lo veo y su increíble semejanza con el personaje de Tom Hanks en Philadelphia me hace pensar que algo se está pudriendo dentro suyo. Los años me han demostrado que mi teoría nunca tuvo ningún sustento: Stipe sigue siendo una vigorosa estrella pop, una especie de hermano afeminado de Bono. Su vitalidad sobre el escenario es legendaria, moviéndose de un lado a otro y retorciéndose como un gato al compás de los clásicos riffs de guitarra de su amigo Peter Buck. Al formar parte de una minoría (un termino muy americano), Stipe ha apoyado cualquier causa de aquellas que parecen perdidas, lo que sin dudas demuestra que es un caballero.
Su banda, REM, editó en 1983 uno de los mejores discos debut de la historia, Murmur. Empezaron siendo uno de esos grupos universitarios americanos y terminaron llenando estadios alrededor del planeta; los dulces privilegios de estar parado en el centro del mundo. Su música es apasionada, vital, energética, una inyección de fuerza postmoderna para sobrellevar la vida en las grandes ciudades.
Este compilado priorizará las canciones previas al éxito de Loosing My Religion, la actividad del grupo en los 80, sobre todo en sus fabulosos discos Reckoning y el mencionado Murmur. Esto no se debe a que su música sea necesariamente mejor durante sus años menos célebres (en los 90 editaron el genial Automatic for the People) sino porque esta quizás sea su etapa menos conocida. Aquí su música, en las precisas palabras de allmovie, parece ser el puente exacto entre el post-punk y el rock alternativo de guitarras.
Hay algo un tanto hermético en la música de REM, algo que hace que una canción pueda funcionar en solitario pero que, al escucharlas todas juntas, se arme una pared para el ocasional oyente. Sin embargo, cuando uno logra superar esa barrera invisible y avanzar entre los golpes de la batería de Berry y los enredados riffs de guitarra limpia, aparece la voz de Michael Stipe recorriendo las bases de manera imprevisible, casi azarosa, con letras tan misteriosas como poéticas.
No soy fanático de REM como sí lo soy, por ejemplo, de The Smiths. Y quizás eso me haya vuelto más objetivo a la hora de seleccionar sus mejores canciones. En algunos casos cedí ante la belleza de, por ejemplo, Electrolite, y decidí incluirla aún cuando es una canción conocida por todos, pero en general intente enfocarme en sus temas menos famosos, sólo porque los demás ya están compilados en el disco In Time que salió hace unos años y que se puede descargar gratuitamente en la Gran Red.
Como última aclaración podría decir que quise mantener un mismo clima, entre melancólico y vigoroso, a lo largo de todo el disco. Por eso, aunque algunos temas como Pop Song 89 o Get Up son muy buenos, su carácter festivo no coincidía con los días lluviosos que me acompañaron mientras elaboré el compilado y debieron ser relegados.
A diferencia de Ds, proveedor de interminables melodías, o de Sr. Fitarro, cuyo afán por abarcarlo todo lo deja sin nada que apretar, he optado por la brevedad, porque como dijo Stephen Malkmus hace un tiempo, "nadie escucha un disco que dura más de 40 minutos". Theo Angeloupoulos y su Vida de Ulises sólo me traen malos recuerdos.
En Los Sentimientitos no diferenciamos a la gente por su religión, ni por su color de piel, ni por su lugar de origen, sólo estamos en contra de los llamados pansexaules (véase Ale Sergi, el cantante de Nerd Kids, etc.) Por eso, cuando apareció la oportunidad de añadir un nuevo miembro al blog, primero debimos indagar sus inclinaciones hormonales. Al obtener el resultado esperado, convenimos en que era una buena idea.
Es así, que hoy estamos orgullosos de presentar a quien de ahora en más será una nueva autoridad en este espacio. Por cuestiones de preservar el derecho de identidad, lo llamaremos El Gentil Gigante.
Este Gigante, apasionado y clásico -aunque transgresor y distante-, aportará de ahora un más sus conocimientos musicales y sus apreciaciones sobre todo lo respectivo a la cultura pop: el cine, qué hacer con las mujeres gordas, los pansexuales, etc.
Bienvenido, Gentil Gigante, y recuerde que soy yo quien tiene la última decisión.